lunes, 21 de enero de 2008

COMENTARIOS SOBRE EL ARTÍCULO DE RICARDO BECERRA

El día de hoy Ricardo Becerra dedica su reflexión editorial en Crónica al partido: "Alternativa Socialdemócrata: otra desgracia". El título me parece fatalista y el análisis me parece en ciertos términos impreciso, pero sumamente útil porque representa en gran parte lo que algunos de los opinadores públicos interpretan sobre la situación actual de Alternativa.
Supongo que las imprecisiones de su recuento son producto de una revisión acotada a la observación externa más que atenida al empirismo cotidiano del que, como lo sabe, nos hubiera gustado que formara parte.
Becerra argumenta que el conflicto de Alternativa es producto de una sola causa: la lucha de poder entre dos líderes dispuestos a sacrificar un proyecto colectivo en aras de satisfacer su apetito político.
Esta recurrente conclusión nos ofrece sin duda una oportunidad para hacer una revisión de lo acontecido desde que el partido obtuvo el registro, evaluar la fuerza y las intenciones de sus líderes y dibujar posibles escenarios.
Primero, es indispensable explicitar las razones que dieron pie a la batalla. Aunque Becerra plantea la hipótesis de que todo se desarrolló en un contexto de confianza y buenas intenciones, no se precisan las causas que generaron el encono ahora irreversible.
Desde mi posición como integrante del partido su explicación promueve la falsa idea de que no hay diferencias claras entre los objetivos y los métodos que cada grupo representa. Por ello es importante recordar que las razones que impulsaban a cada grupo a realizar una reforma estatuaria mostraban ya diferencias ideológicas y metodológicas importantes.
Becerra señala : "Con las piezas estratégicas en sus manos, la corriente del presidente hizo lo lógico: gobernar el partido con su propia sensibilidad, intereses y visión, lo que a su vez, los empujó hacia otro espejismo político: que puede tomar las decisiones más delicadas (relación con el gobierno, alianzas electorales, las reformas en el Congreso, etcétera) prescindiendo de su figura fundadora y principal".
La falla no radica en prescindir de la figura fundadora. El error de inicio fue suponer que al asumir la presidencia de un partido, se podía prescindir de sus órganos fundamentales de representación y que se podía avanzar en una agenda que no necesariamente refleja los intereses que dichos órganos habían expresado y lo más importante que se alejaba de los compromisos suscritos con los votantes.
El clivaje se intensificó cuando paralelamente, se utilizó al aparato de gobierno del partido para realizar alianzas partidistas sin coincidencias programáticas y se mantuvo una oposición injustificada ante la necesidad de elaborar un marco normativo interno que garantizara reglas del juego más democráticas y que obligara a las autoridades partidistas a rendir cuentas y a manejarse con transparencia.
Afortunadamente la reforma estatutaria pudo llevarse a buen puerto. Las diferencias serán dirimidas en una contienda electoral suigeneris, a la que sin duda, ningún otro partido político se expondría. El riesgo es alto, deberemos asumir los costos de habernos volcado hacia la reconstrucción del partido a costa de una mayor participación en la agenda nacional. Sin embargo, para poder ser ese partido que represente una alternativa real y sincera de pensamiento de izquierda, estamos obligados a institucionalizar la congruencia, las prácticas democráticas y la transparencia.
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