miércoles, 11 de julio de 2007

DILEMAS ÉTICOS Y DISYUNTIVAS ESTRATÉGICAS

En efecto, hoy en Alternativa nos enfrentamos a los dilemas estratégicos de un partido político incipiente que busca sobrevivir en un lodoso sistema de partidos que no alcanza todavía para desincentivar la representación política clientelar y corporativista.

El dilema podría reducirse a la definición de estrategias electorales y de comunicación, y podríamos, como se ha hecho ya, construir escenarios de contingencia en los que resulte inevitable, casi obligatorio hacer de Alternativa un partido que represente todo menos una opción de participación ciudadana. En esta postura hay una trampa discursiva que se esconde entre tres arbustos distintos: uno de posiciones estratégicas y otro más recurrido, de disyuntivas cargadas de falsa moralidad. Hasta hoy no hemos abordado con detenimiento y seriedad, el plano ético sobre el que debe construirse una opción partidista que pretende ser distinta tanto en sus propuestas como en su conformación.

Estamos aquí parados, en un desgastante jaloneo ya cotidiano, ante un reto que no solo nos confronta en colectivo, sino que nos representa como individuos. Llevamos ya meses dibujados en un cartón de lucha moralista en el que en una esquina aparecen los idealistas, los congruentes, los ingenuos, los suicidas, los que carecen de experiencia institucional, indispuestos a sentarse a armar acuerdos con los políticos mexicanos de siempre y desde la tercera cuerda saltan los pragmáticos, experimentados, tolerantes, negociadores, aguzados, dispuestísimos siempre a construir acuerdos sin importar las identidades políticas. No nos hemos podido escapar de esa caricatura. Nos hemos esforzado más en colorearla y publicarla que en modificarla.

Y entonces ante la incapacidad de resolver nuestros dilemas éticos, no sólo disfrazamos las confrontaciones de peleas morales entre buenos y malos, sino que llevamos la discusión a un terreno público en una estrategia improvisada que puede tener altos costos de rechazo ciudadano.

Y en efecto, la pregunta que no se contestó, cuando cuestionamos si se contaba ya con algún argumento sólido para explicarle a los simpatizantes de Alternativa que estaban dispuestos a sumarse a nuestras filas sin recibir ningún beneficio material a cambio, ¿cómo era posible ser una alternativa si “temporal y regionalmente” nos adheríamos a los partidos con quienes en contraste nos definimos como “diferentes”?.

Sin embargo, habremos de preguntarnos si estamos asumiendo la responsabilidad, cuando con el legítimo afán de defender nuestro rechazo al pragmatismo en el que “conveniente” suele confundirse con “oportunista” y “contingente” con “inevitable”, exponemos la división de liderazgos, de ideología, de procedimientos, que le demuestra a los ciudadanos lo parecidos que somos al resto de los partidos en nuestra incapacidad de dirimir diferencias y construir un proyecto en el que los liderazgos no recaigan en figuras emblemáticas, sino en propuestas innovadoras y articuladas.

Subrayo que el riesgo no está en qué la deliberación sea pública, sino en que siendo la exposición en medios una estrategia improvisada, se difuminen las razones éticas que determinan las diferentes visiones y uso de instrumentos para construir un partido político y se imprima solo la caricatura de luchas en donde el ciudadano no es más que un espectador que sospecha que todo es una farsa.

Me parece una muy buena idea que nos sentemos a discutir, a debatir, con ánimos menos fanatizados y con cabezas más frías, porque en este momento es evidente que los ciudadanos no solo huyen de las réplicas de partidos satélites, sino que también rechazan a las organizaciones políticas atomizadas, de las que suelen escurrirse las propuestas y a las que se les salen de las manos los compromisos.
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