domingo, 11 de noviembre de 2007

¿Y QUÉ HAGO EN ALTERNATIVA SOCIALDEMÓCRATA?

Hace justamente un año paré en seco mi rutina y me di cuenta de que en general estaba feliz, todo caminaba bien: salud, familia, amigos, actividades personales. Pero aunque estaba confortablemente adaptada en mi trabajo, me quedaba claro que ya no había muchos retos, que tenía deudas conmigo misma y expectativas para probar si podía trabajar en terrenos sin pavimento.
Dejar la caja transparente en la que me guardaba no era cosa fácil. Mi trabajo en el IFAI representaba para mi un espacio habitual que, aunque aveces me sorprendía con interesantes manifestaciones sobre la condición humana, ya no me representaban un reto. Quizá porque estaba en un área de administrativa que había crecido lo suficiente y que en ese momento ya no requería de muchas innovaciones. Sentía que mi tarea estaba hecha.
En las mañanas, mientras me bañaba (que es cuando refresco las ideas e hidrato las posibilidades) pensaba que mi ciclo había terminado.
Descubrí que había dos caminos: moverme a un área de gobierno que atendiera directamente el problema de la pobreza o echar andar alguna organización no gubernamental enfocada al mismo tema.
Y sin imaginarlo se abrió una tercera opción, cuando recibí la invitación del Presidente de Alternativa para construir un espacio de atención a la ciudadanía en el partido.
Creo que las causas de mi decisión fueron inconscientes, pero acertadas. Había rechazado incorporarme a un partido político desde que terminé la carrera. Sin embargo algo me decía que este partido podía ser diferente, que había oportunidades para vincular la autogestión y la responsabilidad ciudadana con la representación. Que podíamos desde ahí recuperar el sentido de servicio y organización que implica la política.
Dí el salto, y creo que al principio caí un poco chueca. El proyecto de atención a la ciudadanía que preparé fue suspendido en tanto se reorganizaba al partido y se le dotaba de instrumentos jurídicos y organizacionales. Anduve coja un tiempo, pero mi pié se recuperó cuando decidí participar activamente en el proceso de reconstrucción. Trabajar los nuevos estatutos, fue sin duda un desafío divertido y comprometedor.
La etapa de redacción de los Estatutos fue completamente reveladora para mí. Las diferencias políticas con algunos integrantes del grupo de la dirección que me invitaron a Alternativa, empezarón a ser irreconciliables. Resultaba ya imposible mantener una postura auténtica sin que ello se interpretara como traición. He de aceptar que no fue fácil tomar la decisión de renunciar a mi espacio en el Comité Ejecutivo Federado, justamente después de aprobadas las reglas del juego y de iniciado el proceso de elecciones internas.
Hoy creo que hice lo correcto, considerando que era un espacio que me había sido ofrecido por el Presidente y no un espacio que yo había ocupado por méritos propios. Sobretodo porque nunca estuve advertida de que las expectativas que se tenían de mi participación en la toma de decisiones atentaban contra mi responsabilidad y mis convicciones. Núnca estuve dispuesta a traicionarme a mí misma. Así que con sentimientos encontrados presente mi renuncia como Secretaria de Vinculación con el Sector Productivo.
La ilusión de reconfigurar al partido con grupos de ciudadanos organizados al rededor de una causa común no se me quitaba. Pensé en concursar alguna plaza de en la Secretaría de Desarrollo Social, dedicarme unos 6 meses a escribir una novela, incluso regresar al IFAI. Pero la sensación de insatisfacción que me generaba abandonar el proyecto podía más que mi voluntad de resignarme.
Y hoy estoy aquí. Sigo en Alternativa desde otro espacio, no de dirección pero sí de total compromiso y de inagotable actividad. Dispuesta a materializar la confianza que expresamos en nuestros estatutos, cuando pensamos que los ciudadanos quieren y pueden resolver sus problemas si están organizados, si están unidos y si se sienten legitimamente representados.
Será un interesante experimento social. Seguramente se verá amenazado por intereses distintos. De lo que estoy convencida es de que siempre valdrá la pena haberlo intentado.
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