miércoles, 30 de julio de 2008

PLAY, FORWARD, STOP, EJET... PLAY

Se acabó esta película. ¿Quién ganó? Todos lo sabemos ya. Algunos lo leyeron en los diarios, otros lo supieron por rumores. Ganaron quienes controlaban el sueldo de los árbitros, quienes estuvieron dispuestos a simular contratos abusando del desempleo de los militantes, quienes  promovieron alianzas con los gobernadores más corruptos del país, quienes contrataron golpeadores profesionales para sacarnos de la Asamblea en la que sabían teníamos mayoría, quienes controlan y son socios de la empresa informática que desarrolló y operó el sistema electoral interno, quienes rompieron las reglas sistematicamente: afiliando militantes de otros partidos, suplantando personas con credenciales de elector secuestradas o compradas.
¡Era de esperarse!. Ahora que intento sintetizar la trama entiendo que el final era predecible. La pregunta será siempre ¿Porqué razones confié en que podía ser diferente?
Perdimos porque no podía ser de otra manera. Pero además cometimos errores. El primero fue justamente ese, pensar que competíamos con condiciones más o menos equitativas, pero sobretodo que competíamos con personas honrradas, comprometidas con la legalidad e incluyentes.
Detectamos en el transcurso del proceso electoral todas las artimañas y trampas a las que estaban recurriendo. Lo denunciamos publicamente e impugnamos ante los tribunales electorales. En nuestro intento por recuperar la simple posibilidad de construir un partido diferente, sólo conseguimos evidenciar en los medios lo desgastante y sucio que es el juego político cuando los políticos de siempre monopolizan las fichas.
La dirigencia del Partido Socialdemócrata se debe en gran parte a sus alianzas con Manlio Fabio Beltrones, con nueva izquierda, con las tabacaleras, con Nacho Irys y sus huestes, con los goberndadores priístas a quienes debe su triunfo: Ulises Ruíz, Fidel Herrera y Mario Marin. Así consiguió el registro de los afiliados y conformó comités huecos con delegados de su confianza. Deberá entonces compensar el apoyo que recibió y esforzarse por administrar sus propias ambiciones con las demandas de sus aliados.
Del partido Alternativa Socialdemócrata no queda más que el sueño. Habría que leer nadamas el proyecto estratégico que entregó Alberto Begné en el primer Consejo Político Nacional y dedicar unos segundos a revisar el escueto y empañado presupuesto. No sólo es poco transparente sino poco profesional. 
Los derechos de los militantes estan previamente nulificados en la conformación de Comisiones electorales, de justicia y de rendición de cuentas presididas por amigos y familiares de los dirigentes. Que mejor prueba de su cinismo que nombrar a Octavio Nava comisionado electoral después de que fue el quien operó todas sus trampas y corruptelas en el pasado proceso electoral interno. 
En fin. Para seguir y no perder del todo la esperanza llegó el momento de saltar. Dedicaré unicamente un par de horas a la semana a darle seguimiento a la administración de ese partido que usa nuestros impuestos para simular ser una opción política. No más. 
No desistiremos. La posibilidad de hacer transformaciones sociales radicales desde el espacio político es realista. Necesitamos creatividad, organización, cohesión.
Habrá entonces que pensar que quizá no es necesario tener poder para hacer, sino hacer para poder. El camino será sin duda más largo, pero menos azaroso.
A pesar de lo profundamente descepcionante que resultó este proceso, confío todavía en que la política es nuestro derecho no sólo a tener sueños colectivos, sin a realizarlos.





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