lunes, 1 de septiembre de 2008

MARCHA: INSEGURIDAD, DESIGUALDAD, IMPUNIDAD... CIUDADANÍA

De la marcha tengo varias reflexiones...

1. NO HAY COHESIÓN SOCIAL
Cualquiera que estuvo ahí confirmó que cuando algún asunto público se incerta tan profundo en nuestra vida privada, hasta el más apático sale a caminar por reforma con su familia y sus compañeros de trabajo, escuela o club.
Aunque reconozco la capacidad de los medios para convocar a las clases medias y altas a reclamar su derecho a la seguridad, lamento ver que no somos una comunidad. Somos muchos grupúsculos sin capacidad de reconocer las necesidades de los otros. A muchos el miedo y la rabia los arrojaron a la calle a pedir que el Estado se haga responsable de que no nos roben, de que no nos violen, de que no nos secuestren ni nos maten más. Algunos acudieron por solidaridad. Otros observaban de lejos el reclamo, como quien observa a un enfermo de un mal incurable. Muchos decidieron no reclamar. Otros siguieron robando y extorsionando, como lo señala el incremento en las cifras de denuncias del D.F de ese mismo día. A uno de mis compañeros el taxista que lo encaminó a Reforma lo amenazo con una pistola para quitarle el celular viejo que llevaba en mano.
Durante tres horas de avanzar entre la mancha blanca, percibí una extraña mezcla de frivolidad, indignación, desarticulación social, un masivo individualismo uniformado.

2. MÉXICO DESIGUAL
Mientras caminaba pensaba en que vivimos inmersos en dos tipos de desigualdad: Uno es la desigualdad de origen que ni después de la Revolución se ha podido desestructurar. En este país para un grupo pequeño, que tiene voz, la seguridad es la demanda prioritaria. Sin embargo, para muchos sin voz, la alimentación, la salud, la vivienda y la educación siguen siendo demandas insatisfechas. Requerir seguridad antes que trabajo, comida, techo, o medicinas resulta absurdo. ¿Habrá algún medio de comunicación que convoqué con convicción a reclamar condiciones más dignas de vida para todos? Eso implicaría estar dispuesto a perder privilegios. a romper monopolios, a pagar más impuestos, a someterse a procesos de justicia en condiciones igualitarias.
Y ahí está el otro tipo de desigualdad, en los privilegios con los que cuentan quienes han decidido aceptar las condiciones ilegales, injustas e ilegitimas de nuestro orden social.

3. LA IMPUNIDAD ESTÁ ENQUISTADA EN NUESTRA SOCIEDAD
Cuando terminó, recordé la marcha del 2004. Hace cuatro años las demandas eran las mismas, pero quizá estaba más viva la esperanza de que una movilización de esa magnitud daría resultados contundentes. Nada ha cambiado. Por el contrario, el crimen organizado se ha fortalecido y ha invadido el interior de la República avalado por autoridades y empresarios.
Tenemos evidencias de gobernadores no sólo corruptos sino cómplices de los peores crímenes y además de que no han sido sometidos a un proceso judicial, siguen instalados en los espacios de toma de decisiones públicas, seguramente afianzando sus redes criminales.


CIUDADANÍA...
Hay indicios de que podemos organizarnos. Hay elementos para pensar que tenemos alguna disposición de cohesionarnos en torno a causas comunes. Somos más los que carecemos de privilegios sin méritos. Somos más quienes no recurrimos nunca al nepotismo, a la corrupción. Somos más quienes despreciamos el monopolio y sus consecuencias. Somos muchos más quienes descalificamos cualquier práctica de impunidad.
No podemos esperar otros cuatro años más a que las cosas cambien. Está en nuestras manos generar mecanismos de participación ciudadana que exigan rendición de cuentas y que modifiquen drasticamente la estructura social. Si conseguimos construir una sociedad con condiciones más equitativas seguramente disminuirá la violencia y estaremos todos seguros.
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