viernes, 5 de diciembre de 2008

DILUIDA EN LA BUTACA




Las mañanas de mis viernes son silenciosas, tanto que escucho si alguien que camina por la calle, arrastra o no lo pies. También alcanzo a oír el vaivén de la escoba con la que el conserje del edificio de junto peina la banqueta, hasta que me decido a iniciar mis propios conciertos de ruidos con cajones, trastes, regadera, y ya si el ánimo alcanza para más, pongo un poco de música. Miro los pendientes y me da tiempo de ir al cine. Invitó a Ch que acaba de llegar de Londres . Hay una película de Giuseppe Tornatore, "La desconocida", que dicen que está muy buena. Le parece bien.- Creo que es una buena comedia- me contesta con su acento de inglés españolizado.
Pues de comedia nada y de drama todo. Recomiendo mucho la película y advierto que la música de Morricone, te mantiene inquieto y alarmado todo el tiempo. La historia sacude y la actuación de la niña es espectacular. Siento que sigo diluida en la butaca intentando levantarme después de presenciar aquella historia. Supongo que esa es una manera de medir los logros fílimicos: revolucionar las emociones del espectador a tal punto, que pierde hasta la fuerza para levantarse.
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