lunes, 27 de abril de 2009

Del prefijo Des...DEScontrol, DEsconfianza, Desazón...


Las ideas van y vienen igual que el miedo, la risa de nervios, la incertidumbre y la confusión. Una vez que me convenzo que el problema no debía ser tan grave, la empidemia se convirtió en pandemia. Antes de salir me lavo las manos con jabón "escudo", hago caras en el espejo con mi tapabocas nuevo: va bien de diadema, queda mal de antifaz, sofoca un poco ya que me resigno a acomodarlo en donde debe de ir. Así me pasa, cuando me resigno a algo que no me convence, termino por experimentar sensación de asfixia.
Ya en el coche con el radio encendido, a media conferencia de prensa del Secretario de Salud, un temblor largo sacude la ciudad. La gente sale tan aglomerada como encubierta. Canceladas las clases y los eventos públicos, algo obliga a que grupos de más de cuarenta individuos se concentren en las esquinas. Me imagino las partículas de saliva revoloteando entre sus risas y sus conversaciones. Recibo un mensaje que dice que los muertos suman 149.
En ese momento recurro a lo vital, a lo prioritario. Pero lo que más importa está tras frontera, fuera de mi control y aunque la lejanía disminuye la probabilidad de que se contagien, mi parte egoísta preferiría que estuvieran aquí.
El único escape posible consiste en saltar mentalmente de lo propio a lo ajeno. Dejar de preocuparme por lo mío y pensar en otros. Concentrarme en las cifras, discutir escenarios, escuchar entrevistas, hacer llamadas, mandar mensajes.
Solo nos queda sentir que tenemos un poco de control sobre lo incierto, limpiándonos las manos o cubriéndonos la boca. No tenemos más remedio que creer en lo que dicen las autoridades, ellos pueden contar mejor que nosotros a los enfermos y a los muertos. Y contra el miedo no vale la pena hacer demasiado, a veces es el único remedio contra el riesgo.
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