viernes, 16 de noviembre de 2007

MANÍAS MENTALES

Ayer en el cine, dejé de ver la pantalla unos instantes porque noté que en las escaleras algo se movía. Ya enfocando con más claridad, distinguí que era uno de los jóvenes que reciben los boletos en la entrada. Se esquinó y se hizo bolita lo más que pudo para pasar desapercibido y poder ver el desenlace de la película. Por sus gestos puedo asegurar que ya la había visto antes y que sabía lo que venía. Sin embargo, no titubeo para llorar en el momento en el que el mexicano y el afroamericano fueron abandonados por las tropas gringas, en medio de una tormenta de nieve.
Entonces incotrolablemente como sucede con el inconsciente, me atacó una de mis manías mentales, preguntarme ¿me gustaría dedicarme a eso? Pues sí, trabajar en un cine me divertiría. Sobre todo si puedo colarme a ver las películas, aunque sea por cachitos pero varias veces. En realidad algo me pasa con el cine, no con todos los largometrajes, pero si con la mayoría. Me convierto dócilmente en algún personaje o me mezclo con varios. Es como si cayera en un sueño profundisimo de esos que, aún despierto, sientes que no ha terminado. Ya me he cachado saliendo del cine sintiendo que la película sigue o que yo sigo en la película. También mi curiosidad por trabajar en los cines puede deberse a que aveces salgo con la sensación de que me perdí un pedazo de la trama. Igual es mi obsesión por no leer los diálogos y pescar las ideas en inglés. Y bueno todo tiene sus contras, la verdad el olor de palomita caramelizada me desquicia. Así que no se que tan buena boletera sería. Igual en un ataque de olfato empalagado, le suelto un par de cabezazos a los cineastas palomeros.
Y, he de traer ese cable pegado, porque coincide con que hoy a la hora de la comida, nos encontrábamos tres fervientes socialdemóctatas ingiriendo sopas de fideo en el café "la selva", cuando un montón de pequeñas piedritas se sambulleron alegres en nuestras aguas de mandarina. Resultó que al lado, había varios trabajadores de la construcción y uno de ellos picaba piedra con un cincel gigante. Otra vez´se me activó el botón ¿me gustaría hacer lo que él hace?. La respuesta fue inmediata. No y mil veces no. No puedo creer que exista todavía ese tipo de trabajo forzado y seguramente mal remunerado. A nosotras por poco nos cae una piedra en la sopa. Pero él pica piedra de oficio, se expone diariamente a perder un ojo o una pierna.
La pregunta me da siempre comezón, no puedo evitarla. Creo que tengo una larga lista de profesiones u oficios que no elegiría. No me gustaría ser velador, tamarindo, guarura,mariachi,contador,plomero, podólogo, ni botarga. Y felizmente dedicaría parte de mi vida a ser: mesera, taxista, cantante de bodas, pintora de brocha gorda (el olor del tiner si me gusta, ja), guia de turistas, vendedora de plantas en los viveros, panadera, veterinaria, en fin.
Supngo que deshacerse de las manías mentales no es cosa fácil, así que una vez que la pregunta toca mi consciente, mejor dejo que fluya, aunque eso implique perderme la película.
Después de esa pregunta viene una conclusión abominable. No todos podemos elegir a qué dedicarnos. Quizá parte de mi trabajo diario sea extender las posibilidades de elección de profesión u oficio. No es cosa fácil, pero en parte a eso me gustaría dedicarme.
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