jueves, 6 de diciembre de 2007

INTOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN

No se si creer realmente en las casualidades, pero hoy como por arte de magia abrí un libro en la página exacta en la que encontré algo relacionado con un tema que daba vueltas en mi cabeza durante el insomnio de anoche.
Ya me resigné a tener insomnio entre semana. Al fin y al cabo, los viernes y los sábados ya sea porque me eché unos vodkas o porque me desconecté emocionalmente del partido, logro dormir casi de corrido. Y si busco explicaciones físicas a mi sangolotéo mental puede ser mi adicción al té verde enlatado, la que me mantiene alerta en las madrugadas.
La verdad, también me resigné porque saco provecho de mis reflexiones en la obscuridad. Y pues si, en pleno insomnio no tengo control sobre mis pensamientos. Me atacan las preguntas más escabrosas y difíciles de responder: ¿en realidad la política es un espacio para la transformación social?, ¿mi compromiso con Alternativa tendrá algún impacto real sobre el futuro del partido y sobre el porvenir de la representación política en México? ¿se puede construir un partido nuevo en condiciones totalmente adversas al interior y al exterior del mismo? ¿y si así son las cosas y así serán siempre, independientemente de nuestra firme intención de modificarlas, para qué me hago la vida tan difícil?
Con cada pregunta irresuelta, la comezón en mi cerebro se vuelve más irritable. Creo que dormiría más tranquila si aprendiera a asumir la frustración. Pero no lo consigo.
El día fue largo, pasé la mañana poniendo en papel lo que está porvenir y esquematizando las condiciones estatales en las que intentamos formar Comités de Acción Política realmente comprometidos con causas comunitarias, después la comida con mi amigo guevo izquierdo (que suma preguntas a mi lista de salpullido reflexivo), y finalmente el tráfico aterrador por el partido de Pumas-Atlante.
Pero sorpresivamente, antes de prender la computadora, acomodé una pila de libros y me quedé con uno en la mano, "Las consolaciones de la filosofía" de Alain de Botton. Mientras pedía un paquete de pañales a la farmacia, lo abrí arbitrariamente en la página 117, y el primer párrafo me contesto: "Ni que decir tiene que, si aceptáramos todas las frustraciones, serían pocas las conquistas humanas. El motor de nuestro ingenio es la pregunta ¿tiene que ser así?, de la que se derivan reformas políticas, avances científicos, relaciones perfeccionadas o mejores libros".
Así que ya tomé mi té verde en lata y me dispongo a ponerme una pijama para dormitear un rato y resistir la incomodidad de que las cosas sean como son, con la firme convicción de voltear atrás en algunos años y verificar que es redituable la intolerancia a la frustración porque nos empuja para transformar.
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