viernes, 25 de abril de 2008

*LENGUAJE AUTÓNOMO: miedo total

Hoy tengo mucho miedo, más miedo que nunca. Y como el miedo es un generador automático de confusión, paraliza. Lo primero que tengo que hacer es distinguir con claridad qué hay detrás de tanta neblina. Entiendo que las decisiones que se asumen individualmente tienen una pesadísima carga de responsabilidad que a veces quiebra cualquier resistencia. Luego me distraigo con el brumoso futuro que se asoma lejos, detrás de la barranca. No tiene una forma conocida, parece más bien un camino nuevo, rebuscado, y quizá sin retorno. Pero algo brilla, supongo que no sabré qué es hasta que me encuentre ahí. Aquí cerca, a menos de dos metros de distancia, todo está más despejado: me puedo ver bien a mi misma, flacucha, la cara afilada, el pelo más largo, los ojos bien abiertos, las piernas firmes sobre el suelo, distinta. Estoy lista para levantar sola el costal de responsabilidad que implica este riesgo. Pensé en esperar a que bajara la neblina, pero en realidad cuando hay miedo, la neblina es permanente. Atrás veo el camino recorrido, ha sido un camino fácil, lleno de gratísimas experiencias, sin barrancas, sin abismos, sin mayores accidentes. Y el miedo crece, porque tomar otra ruta, seguro cambiará las condiciones del recorrido. Instintivamente surge el valor. Hay poco de racional en él. Confirmo que si el valor fuera racional no habría valientes. Así que entre la espesa neblina, finalmente avanzo.
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