sábado, 15 de noviembre de 2008

CEGUERA



Hace casi dos años y medio amanecí viendo doble. Literalmente ddoobbllee, las figuras se partían por la mitad y se duplicaban a los lados, sin excepción. Con luz, a media luz, sin luz. Caminar era difícil, leer, escribir, manejar, casi imposible. Honestamente, no se todavía cómo, no lo pase mal. El miedo estaba  controlado, la angustia totalmente anestesiada. Solo la incertidumbre de que eso fuera permanente me visitaba en las madrugadas,  pero la despedía con un almohadazo  y pensando que seguro por la mañana, lo que era dos sería de nuevo uno. Finalmente, después de casi un mes, el virus no identificado que provocó aquello, desapareció y todo volvió a la "normalidad".
Ayer vi la película Ceguera, basada en el libro, del mismo nombre de José Saramago. Quedé realmente impresionada con la historia. Acepto que de no haber sentido lo que es no ver bien, quizá no me hubiera causado tanto impacto, pero en realidad lo más inquietante de la historia resulta ser el como la cegera colectiva potencia la disyuntiva inmediata de tomar una actitud solidaria o egoista. En alguno de los diálogos, uno de los ciegos dice -Quedarme ciego me ha hecho pensar mejor-. Y si creo que hay cosas que se ven más claramente cuando quedan anuladas las valoraciones de la "apariencia".
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