sábado, 15 de noviembre de 2008

EN EL OTOÑO DE NUESTRO DESCONTENTO

Gustavo Gordillo (http://gustavogordillo.blogspot.com/)

 Si a los gobernantes les es exigibles que se comporten como estadistas es decir que vean mas alla de sus intereses inmediatos,partidistas o de grupo; cuando se trata de temas cruciales para la nación; a la ciudadanía también se nos debe requerir reaccionar con generosidad y amplitud de miras en momentos críticos como el actual. Respecto a la tragedia lamentable en la que perdieron la vida el entonces secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, Santiago Vasconcelos y otras personas que viajaban en el avión o se encontraban en tierra se ha generado en general reacciones de solidaridad y pésame, independientemente del  punto de convergencia o disidencia con respecto al gobierno. Yo me uno al sentido pésame a sus familiares y tambien al Presidente Calderon y a su esposa.

 

56 por ciento de las mujeres, 95 por ciento de los negros, 66 por ciento de los hispanos, 62 por ciento de los asiáticos, 63 por ciento de los jovenes entre 18 y 29 años, más 53 por ciento de los votantes entre 30 a 44 años, 69 por ciento de los que ejercieron por primera vez el voto, 53 por ciento de los católicos y 77 por ciento de los judíos; votaron por Obama. Desde una perspectiva territorial 71% de los habitantes de grandes ciudades, 59 por ciento de las pequeñas ciudades y 50 por ciento de los suburbios también votaron por Obama.  Se trata entonces de una coalición de minorías, grupos marginadas socialmente y cosmopolitas,  profundamente conectados con redes sociales. Minorías que construyen una mayoría electoral.

 

Obama al presentarse como la expresión del sueño americano tomó el mito central de la sociedad norteamericana con una enorme carga de credibilidad dada su propia trayectoria personal “atípica”. El eje central de su campaña en torno al tema del cambio fue también resultado de una clara y profunda conexión con el estado de ánimo de una sociedad.

 

El contexto en la sociedad norteamericana durante los mas de 20 meses en que transcurrió las precampañas y la campaña presidencial puede caracterizarse con una palabras: rabia. Rabia por lo injusto de la guerra de Irak. Rabia en cuanto la crisis económica afectó un aspecto clave del patrimonio de las clases medias: la propiedad de su casa. Rabia frente a la desigualdad que ha permitido que en los años de Bush, ochenta por ciento de la ganancias netas en el ingreso han ido a parar a los bolsillos del uno por ciento de la población, los super-ricos.

 

 

Independientemente de cómo evolucione la agenda de México con Estados Unidos  el efecto del triunfo de Obama va a ser evidente en nuestro país en el terreno de las ideas políticas respecto al papel del estado para enfrentar la crisis o rspecto a la viablidad competitiva de coaliciones electorales compuestas por minorías.Esperaría uno por tanto una batería de políticas que asuman de manera creativa polos que han estado hasta hace poco profundamente confrontados. Mercado e intervenciones estatales, seguridad nacional y respeto a los derechos humanos. El triunfo electoral de Obama puede ser el inicio de un largo ciclo de experimentación y reconstrucción institucional.

 

En México una alternativa así requiere asumir la política como compromiso ciudadano, firme, transparente, generoso y solidario. Creer en una izquierda de valores centrada alrededor de la justicia y la libertad, la tolerancia y el respeto a la diversidad, el impulso a la competencia en todos los ámbitos de nuestra vida política y económica, el fortalecimiento de un Estado laico que garantice la libertad de conciencia a todos. Sobre todo que aprecie el valor central de una ciudadanía libre: la autonomía para pensar, optar, actuar, proponer y decidir. Alternativa por construirse a partir de una confluencia de disidencias. Para avanzar en ese largo camino un conjunto de mexicanas y mexicanos encabezados por Patricia Mercado nos reuniremos el próximo 17 de noviembre en el monumento a la Revolución a las 11.00 horas.

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