lunes, 22 de diciembre de 2008

ABRUPTA INTERRUPCIÓN

El sábado pasado estaba felicísima bailando a rienda suelta en una boda, cuando me interrumpió abruptamente un hombre del que por más que intento no recuerdo el nombre. Se paró frente a mí solicitándome que lo abrazara en memoria de los días que compartimos mesa de discusión y logo partidista. Me negué rotundamente. Insistió casi durante 4 canciones y yo no sabía como escabullirme de tan forzada situación. 
Insistió en qué lo personal no era político y que entonces lo político no era personal. Que ni la madriza de marzo, ni las trampas de abril, ni las credenciales de elector falsas, ni la competencia desleal de todo el 2008, eran cosa personal. La escena fue lo suficientemente intensa como para que al rededor los movimientos de brazos y piernas se paralizaran en espera de que yo abrazara al interfecto. No pude. El interfecto me abrazó y yo permanecí paralizada pensando, que sí algo aprendí este año es que puedo diferenciar a las personas en tres categorías: las que piensan que lo político no es personal y actúan en consecuencia, las que dicen que lo político es personal pero no actúan en consecuencia y las que piensan y actúan convencidas de que lo político es personal.  En las últimas prefiero invertir mi tiempo, mi trabajo y mis abrazos.
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