domingo, 21 de diciembre de 2008

FREUD epd 18 dic 2008

Ayer me llamó JL para contarme que Freud había muerto. Lo escuché impactado, desencantado, sin ganas de nada. La noticia me sorprendió porque no sabía que hubiera estado enfermo y aunque aveces se le notaba lo viejo, pensé que le quedaba al menos la mitad de su vida por delante. JL rescató a Freud meses antes de que levantaramos a Mandarina en un puesto de quesadillas en el centro de Tlalpán. Ambos como buenos criollos, con ojos miel de esos tan nobles que empalagan, con pelo amarillo, orejas caídas y temerosos de la escoba. 
Me ha puesto triste la muerte de Freud pero lo que me tiene a llanto moquiento, es pensar en Mandarina, en Lola y en Simona. No se si hay despedidas inevitables, no se si la distancia permite que ciertos vínculos perduren. Solo se que me hacen falta para correr de bajada hasta la zona de reserva, para explorar terrenos cercanos, para sacar la lengua por la ventana del coche como si fuéramos cuatro caninas atrapando lluvia con smog. Y la tristeza en realidad es saber que las tres están vivas y sanas, brincan, comen, roban hotcakes, se cuelan por la ventana de la cocina  a media noche, le aúllan a la luna. Yo ya no las escucho, ya nos las veo  ni las toco. Supongo, que con el tiempo imaginarmelas existiendo por el placer de existir, me hará pesar en la suerte de haberlas tenido para mi unos años de ladridos, miados, cacas, amputaciones, tratamientos antipulgas y tiempo de compañía silenciosa y generosa que no pide nada mas que un par e pies calientes para acostar su cabeza. A cada una le he prometido algo y el 2009 será el momento. Iremos al mar, comerán papas de Mc Donals y regalices al por mayor. Es mi compromiso. Que ninguna se adelante a la "nada" sin haber pasado una tarde en la playa. 
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