domingo, 22 de marzo de 2009

Esperando...

El teléfono está mudo y no hay modo de encenderlo. Normalmente el ruido llega a casa los domingos a las 10:00 am. Supongo que el retraso se debe a que no hay certeza sobre mi pardero. Pero yo aquí estoy, esperando. Ha pasado más de media hora y no hay quien grite desde la banqueta-la cubetita con llaves, avientame la cubetita-.
Abro libros al azar, preparo café, pongo un pan a tostar, dudo si encender la regadera o mejor no arriesgarme a que el timbre suene y yo no escuche. Prendo la tele y la apago. Finalmente me siento aquí a ver cómo espero desesperada. La vida cambia sin avisar y las mañanas de domingo vienen en el paquete del cambio. Cuando espero veo los minutos estirarse como hilos de chicle que rinde y rinde. Mi pierna derecha se mueve rapidísimo como si con ese nervioso va y ven acelerara el tiempo.
Supongo que no me queda más que seguir deambulando de la sala a la cocina, de la cocina a la sala. Darle una mordida a a una manzana, un trago al café. Caminar de ida y vuelta otra vez.
Salir al balcón y sentir que la mañana fresca no avanzará más hasta que el domingo empiece como tiene que empezar.
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