domingo, 17 de mayo de 2009

BENEDETTI y mi servilleta

Hace algunos años, no me acuerdo exactamente cuando, vino Benedetti a México y no conseguí entrar a su primer recital, después supe que estaría en Loreto un rato, me acuerdo que una de mis hermanas me acompañó, me volé todas las clases de la tarde. A mis amigos les parecía un lugar común y un poeta comercial. Yo que no se de poesía ni de muchas cosas, hacía oídos sordos y me gustaba leerlo y repetir en voz alta algunas estrofas de las clásicas. Estaba un poco enfermo, pero leía con entusiasmo pausado y con voz armoniosa de acento uruguayo. Los del público pedíamos poemas a gritos como quien pide canciones. Terminando el recital, le escribí un recado en una servilleta y se lo entregué en el pasillo del baño después de que mi hermana me empujaba con el codo y me decía- si ya lo escribiste y está aquí junto, dáselo- Me acerqué y se lo dí, me jaló del brazo para saludarme de beso como si le fuera familiar. Me puse contenta, contentísima y me fui.
Pasaron meses y un día en mi correo recibí un mensaje de su parte, que decía. Gracias por el mensaje en la servilleta mexicana. M. Benedetti.
Llevo una hora buscándolo y creo que no lo tengo ya. Pero así pasa con las grandes cosas, se borran, no dejan rastro y solo se hacen reales en la memoria.
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