sábado, 23 de mayo de 2009

DÍA TRISTE


Amanece lloviendo y apenas deja de gotear. Está nublado el día y se siente un poco de frío. Es 23 de mayo. Hace cinco años, en una mañana más soleada  y calientita  estaba sentada en el suelo de un cuarto piso en el pasillo del Hospital Metropolitano, esperando que algo mágico sucediera para que Lizbeth despertara de pronto.  Pero no fue así, después de tres días de espera, murió.
Lo que vino después de ese momento fue triste y en gran medida impactó la manera de ver mi vida diaria, mi trabajo, mis relaciones personales y mi compromiso con el país. 

Lizbeth tenía 26 años, había sido una estudiante brillante, una hija solidaria que acababa de hacerse responsable de la educación de su hermana menor. La conocí poco en el IFAI, una breve entrevista antes de que ingresara, saludos y risas cuando coincidíamos en las escaleras. La conocí más cuando ya  no estaba. En los días y las noches de hospital  en que sus amigos y su familia no paraban de hablar sobre su congruencia y su valentía.

Por los días de su muerte, empezaba a hacerse eco social de la incontrolable situación de inseguridad en la ciudad, y su violenta muerte fue un terrible ejemplo de como el crimen organizado está colado hasta la médula del sistema de justicia en México. Meses antes de morir, había acudido a la PGR a denunciar por fraude a los titulares de  INDINTER Consultants, una empresa bursatil intermediaria de la firma Rizzland Group Limited, en la que trabajó. Además el 18 de febrero le entregó al entonces Secretario de Seguridad Pública, Alejandro Gertz Manero, una carta en la que le informaba que en la firma se presentaban situaciones atípicas de administración de fondos de inversionistas que conducían a presumir la existencia de un sistema para defraudar a los clientes.  

"como el hecho de que la mayoría de los clientes de la empresa sufrieron la pérdida total y sistemática de la inversión, así como la presencia de graves anomalías con respecto a la dinámica organizacional de la empresa, el hecho de que los responsables de la misma son gerentes asiáticos relacionados geograficamente con zonas altamente proclives a delitos financieros (Malasia, Hong Kong, Nueva Zelanda)...  Por lo anterior, me permito solicitar su atención para analizar este caso y valorar la posibilidad de iniciar un proceso de investigación a fin de evitar actos impunes y minimizar riesgos de naturaleza criminal en contra de los mexicanos y de sus intentos de ahorro e inversión..."

Primero se responsabilizó de su muerte al taxixta Miguel Ángel Galindo Zea, quien por falta de pruebas salió libre unos meses después.  (Wai Yee Ha) Ethana y Chen Yeong Sor (Jinny Su) de la firma INDINTER Consultants, fueron identificados como los defraudadores y procesados por fraude, pero nunca se les vinculó con la muerte de Liz.  Salieron bajo fianza y no están más en el país.

A cinco años de su muerte, no hay responsable del crimen. Su familia se ha resignado ya a tener una vida tranquila en Jalisco y a no alimentar más las falsas esperanzas de que el caso será resuelto con justicia.

Me da una rabia incontenible pensar en la resignación. Y me pregunto si es esa la única salida que tenemos. Creo que no, pero que necesitamos  presistencia. Necesitamos sobre todo confianza en que las cosas pueden ser diferentes, en que debe de haber alguna fórmula creativa que elimine la putrefacción de nuestro sistema de justicia. Seguro que los criminales son muchos menos que quienes estamos dispuestos a detener la impunidad que los hace poderosos.


Publicar un comentario