jueves, 17 de junio de 2010

La violencia se alimenta de impunidad

Hay mañanas grises en las que parece que el aire pesa y hay que atravezarlo con esfuerzo a cada paso.
Esa pesadumbre se hace espesa cuando la esperanza que se depositó en una decisión ajena se desquebraja.
En el caso de la guardería ABC confieso que esperaba que la mayoría de los ministros de la Suprema Corte se sumaran al dictamen de primer mundo, con el que el Ministro Zaldívar nos regalaba la ilusión de un cambio.
Me los imaginaba recibiendo correos electrónicos de los ciudadanos, escuchando a sus asesores leer las notas editoriales que confiaban en que el criterio de justicia se impondría sobre las artimañas legalistas en las que los poderosos pueden siempre quedar abrigados por la impunidad.
No dejo de preguntarme cómo silencian sus consciencias cuando deciden ejercer el poder que tienen reivindicando la irresponsabililidad.
De los 14 funcionarios a los que Zaldívar pretendió hacer responsables, no hay uno sólo capaz de levantar la mirada para asumir su falla por omisión y presentar una digna renuncia.
Hace ocho años marchamos cientos de mexicanos contra la violencia. Nada se acercaba al número de muertes y agraviados que vemos hoy en las primeras planas.
Y es que el mensaje de las insituciones del Estado ha sido consistente y reiterado: México es un país en el que la garantía primordial es la impunidad.
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