domingo, 24 de octubre de 2010

Hoy en Enfoque de Reforma "Elecciones vecinales en blanco y negro"

Maite Azuela

(24-Oct-2010).-
El día hoy en el Distrito Federal, de las 9:00 a las 17:00 horas, se llevará a cabo el proceso de elección de comités vecinales y consejos de los pueblos. Cada uno de ellos integrado por nueve ciudadanos de las primeras cuatro fórmulas que obtengan el mayor número de votación en su referida colonia o pueblo. La convocatoria del Instituto Electoral del Distrito Federal ha pasado desapercibida y, en consecuencia, podemos esperar que la participación de los votantes sea tan escasa como la de aquellos que, sin apoyar realmente a ningún partido político, decidieron competir.

Aunque uno de los objetivos de la Ley de Participación Ciudadana es materializar mecanismos incluyentes y robustecer la corresponsabilidad de los ciudadanos, parece que estas elecciones lucirán escuálidas por su incipiente difusión. Además de débiles por la falta de claridad en los incentivos y la inevitable intromisión de los partidos políticos.

El poco interés de los ciudadanos para formar parte de las representaciones vecinales puede ser resultado de varios elementos.

En primer lugar, por la poca información que hubo sobre este proceso y sus implicaciones.

En segundo término, la posibilidad que tendrán estos representantes de decidir sobre un porcentaje del presupuesto delegacional (del 1 al 3 por ciento cada año) parece discrecional y está amarrada a la decisión de las asambleas de vecinos, cuya integración es poco clara en la ley. Además, no se determina con qué criterios se destinará qué porcentaje a las propuestas que realicen estos comités.

De acuerdo con los datos del IEDF, se registraron ya en los 40 distritos 8 mil 838 fórmulas integradas equitativamente por mujeres y hombres. Participarán como candidatos un total de 44 mil ciudadanos. Los registros en los distritos van desde 133 fórmulas, como en el segundo, hasta 441, como en el 21.

Sin desestimar la oportunidad que podría generarse con una figura como los comités vecinales, que habían sido fantasmagóricos en anteriores periodos, la probabilidad de su fracaso como herramienta distributiva de poder asusta.

Se destinaron 13 días para la realización de campañas, previendo que los candidatos atendieran las restricciones: no hacer uso de recursos públicos, infraestructura o medios de gobiernos. Desde las elecciones de 1999 se eliminó legalmente la participación de los partidos políticos en las fórmulas de candidatos. La propaganda que se permite a los vecinos para promover sus fórmulas debe ser en blanco y negro, pero no podemos ignorar que estas elecciones vecinales están impregnadas por los colores de los partidos políticos.

La pregunta es si valdría la pena asumir que los partidos políticos tienen intereses irrenunciables en este tipo de contiendas, para imaginar marcos jurídicos que los incorporen y que regulen abiertamente su incidencia, sin eliminar de ningún modo la participación de ciudadanos independientes.

La indignación de muchos de nosotros por el uso de recursos públicos y la invasión de líderes partidistas para armar fórmulas "vecinales" tuvo resonancia en varios medios de comunicación. No obstante, el potencial de estas estructuras de vecinos organizados les reditúa electoralmente. La tentación es más grande que la penitencia.

Durante la campaña circularon exhortos de consejeros electorales locales, legisladores, delegados y presidentes de partidos para que las elecciones no se contaminaran de ofertas clientelares y para que los partidos y servidores públicos permanecieran al margen. Sin embargo, como hemos comprobado, los exhortos no son inhibidores fácticos de las prácticas indebidas. Las conductas indeseables sólo se combaten con repercusiones jurídicas que se hagan realmente efectivas.

No ha resultado así, el Tribunal Electoral del Distrito Federal (TEDF) realizó sus resoluciones atendiendo sólo a la forma e ignorando el fondo. En un caso en contra del catálogo de colonias y pueblos originarios y en 44 contra la convocatoria que emitió el Consejo General del Instituto Electoral del Distrito Federal no revisó siquiera las razones. Desechó todos los casos por haberse promovido de forma extemporánea.

Es necesario que la ley no impida sólo la participación de representantes partidistas a nivel local o federal, sino a nivel delegacional. Y lógicamente requeriríamos tener acceso a la información sobre las estructuras partidistas hasta este nivel. Soñar no cuesta nada.

Otra de las carencias que debilitan este proceso es la desarticulación temporal con otros procesos electorales estatales para comités o consejos vecinales. Aun considerando el avance de contar con sellos locales que den cuerpo a las representaciones directas y a las demandas localizadas, sigue haciendo falta garantizar estos mecanismos participativos desde la Federación. Llevar a cabo elecciones vecinales simultáneas en todos los estados de la República le daría volumen al sonido de estas campañas cuasi silenciosas.

La figura de los comités vecinales es de lo más rescatable y no podemos descartarla de nuestro espectro de representación política. Además de poder definir el uso de una pequeña parte del presupuesto, algunas de las atribuciones que pueden detonar procesos más democráticos en las delegaciones es la facultad que les otorga la ley para: "supervisar el desarrollo, ejecución de obras, servicios o actividades acordadas por la asamblea ciudadana... emitir opinión y supervisar los programas de las Coordinaciones Territoriales de Seguridad Pública y Procuración de Justicia". Ambas atribuciones podrían ser contundentes si se estableciera una sanción a los responsables en atención a la supervisión u opinión emitida por los comités vecinales.

Vale la pena, sin embargo, estar atentos a lo que ocurra en estas elecciones de la Ciudad de México. A veces se requieren fracasos evidentes para reconstruirse. Así que ésta puede ser una oportunidad para revisar no sólo la ley de la capital, sino para imaginar mecanismos de participación ciudadana que a nivel federal garanticen la incorporación de nuevos actores en las decisiones de lo que resulta más inmediatamente público: los pueblos y las colonias.

No olvidemos que tenemos la promesa de una reforma política estructural e incluyente, que si atiende estos síntomas de simulación podría institucionalizar la historia de una participación ciudadana palpable.

La autora es analista política y activista ciudadana.

http://www.maiteazuela.blogspot.com

Twitter: @maiteazuela
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