sábado, 2 de octubre de 2010

S(c)IENTO cuarenta caracteres



Hace días me percaté de que cuando veo algo que vale la pena, como los cielos azules y limpios de estos últimos días en el DF, publicidad sobre "logros" gubernamentales que me indigna, o una señora comiendo feliz en un día de campo individual a medio camellón, mi mente elabora ideas en menos de 140 letras, para compartirlas rápido.
Suponía ya que mi comportamiento había cambiado desde hace más de un año que uso twitter, pero al ver como mis reacciones para comunicarme se acomodan en estos términos, dude que fuera preocupante. No me quedó más que sacudirme la posibilidad de que no sea bueno, como un perro que se quita el exceso de agua saliendo de una fuente. Yo ya me metí a esta fuente cuando empecé con twitter para comunicar ideas, recomunicarlas, comentar las de otr@s. He de confesar que con las críticas que he escuchado del uso compulsivo y superficial de twitter, a veces dudo en comentar lo que siento y acotar mis comunicaditos a lo que pienso y analizo del mundo que es de todos y no sólo mío.
Sigo lanzando mis experiencias irrelevantes para la vida política o social al twitter, porque un día escuché que a Jesús Silva Herzog lo que más le divertía era leer esas cosas mundanas en los TL de otros. Pensé que si a él que es un intelectual solemne, serio y de lo más elocuente, le parecía que tenía sentido, seguramente lo tendría.
Me pregunto si no es justamente la necesidad de provocar reacciones en otros, lo que nos mueve a los que chapoteamos en twitter. Lanzar mensajes sin receptores reactivos sería entablar monólogos simultáneos en el aire. El caso es que cuando me cacho acomodando las ideas para escribirlas en el teléfono, me doy cuenta de que he generado un sentido de pertenencia a una comunidad "virtual", tan imaginaria como real. Y les confieso que me siento como viviendo en trocitos de una película escrita y actuada por muchos. Se siente bien.
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