jueves, 2 de diciembre de 2010

Ni Chana, Ni Juana, Ni Elba (mi artículo en la silla rota 30 nov)

Los rezagos de la educación en México son visibles y preocupantes. Como ya se ha discutido a bastedad, las causas son múltiples. Así que la pregunta que debemos respondernos es ¿cuáles son los cambios fundamentales para que el sistema de educación pública en México sea de calidad?
El Congreso alista una propuesta de reforma a la Constitución para que el bachillerato sea parte de la educación básica, de modo que el gobierno se haga responsable de prestar servicios de educación pública, a nivel preparatoria. Habría que considerar los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que indican que en 2005 casi seis millones de mexicanos mayores de 15 años no sabían leer y 30 millones no terminaron la secundaria.
El presupuesto federal del 2011 destina a educación más de 650 mil millones de pesos y, en los últimos años, se han duplicado los recursos para la educación pública. Así que la educación no es gratuita, nos cuesta mucho y los resultados son escasos.
La Secretaría de Educación Pública (SEP) propuso recientemente que los niños aprendan conceptos de economía y finanzas, sin tomar en cuenta que la prueba ENLACE 2009 arroja que el 20% de los estudiantes de primaria y 54 % de los de secundaria tienen un nivel insuficiente de matemáticas.
¿Son esas las soluciones? En México todos valoramos la educación y entendemos entonces el sentido público que tiene y la responsabilidad que el Estado debe asumir para garantizarla. Los debates sobre la privatización como solución siempre han sido abatidos. Tendríamos que asumir que es la cúpula del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), quien ha tomado el control sobre las decisiones fundamentales del sistema educativo y la distribución de los recursos que para su fortalecimiento se invierten.

Apetece, sin duda, sustituir el liderazgo de Elba Esther Gordillo. Sin embargo, llamar a cortar cabezas no resuelve el problema y puede tentar a los simuladores a cambiar una cara sin cambiar el cerebro, las manos y las piernas de un monstro que funciona por la batería que le proveen las autoridades. El inconveniente no es la Señora Elba y su supuesto poder en las urnas o sobre el magisterio. El problema es el poder que le han cedido a la cúpula sindical.

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