miércoles, 2 de marzo de 2011

Color a la mano



El sábado pasado iba caminando en la calle de Amsterdam y en la orilla de la banqueta me encontré un colibrí pequeñísimo. Noté que no podía volar, así que lo levanté e intenté que lo hiciera. No lo conseguí. Opte por llevarlo a la veterinaria y cuando lo revisaron me dijeron que no sobreviviría y que no podía volar por la caida. Lo habré detenido unos 15 minutos. Cuando salí a ver si encontraba el nido de regreso, me tomó por sorpresa y voló. Es de los colores más brillantes que he tenido a la mano. Y cuando me acuerdo me pongo refeliz. Seguro sobrevivió.
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