lunes, 6 de junio de 2011

Mi columna en la Revista Gente. MAYO 2011

UN CONCIERTO INTELIGENTE
@maiteazuela
Hay gente más inteligente que otra. Los niveles son tan diversos como los tipos de inteligencia. En México estamos a la espera de individuos geniales y poco comunes que den en el clavo con las soluciones a la violencia, a la impunidad, a la baja calidad de la educación, a la depredación del medio ambiente o a la escasa civilidad con la que convivimos todos los días. Y en esta expectativa perdemos muchas oportunidades porque comúnmente desechamos de entrada la potencialidad de la inteligencia colectiva. Si deshilvanamos el latín del concepto inteligencia (intuslegere), ser inteligente tiene que ver con la habilidad de elegir (legere) entre (intus). De modo que entre más limitemos nuestras opciones menos inteligentes serán nuestras decisiones.
Esto no implica que tengamos que saturar nuestras libretas, pantallas, celulares, post its o corchos con listas interminables de posibilidades para resolver asuntos que parecen ser responsabilidad de todos y de nadie. Formar parte de la inteligencia colectiva de un país, requiere asumir que en alguno de esos problemas públicos no sólo tenemos algo que escuchar y qué decir, sino que tenemos algo útil que hacer. Y entender que no tiene que afectar a un miembro de nuestra familia para que sea un asunto que nos compete.
Las redes sociales han comenzado a ser una herramienta para eso. Por la simple razón de permitir la comunicación horizontal y directa entre personas que comparten causas y que pueden intercambiar información al respecto para después organizarse y detener alguna acción autoritaria o impulsar un proyecto ciudadano. En nuestro país es una práctica que apenas va cobrando fuerza y que empieza a dar resultados, twitter es un ejemplo de ello.
En México existen 30,600,000 usuarios de internet, de los cuales 4,103,200 son usuarios de twitter. En género el uso de tuiter está casi distribuido por la mitad, 52% son mujeres y 48% hombres, según informa según cifras de Guillermo Perezbolde, director de Márketing en Mente Digital. En medio de este gran universo de interacción que va desde los comentarios triviales que acumulan experiencias como si fueran diarios públicos en 140 caracteres, existen ciudadanos que utilizan la herramienta para difundir acciones o hechos que de otra manera no hubieran sido compartidos entre tantos públicos identificados o no con sus causas.
No podemos dejar a un lado las críticas al uso de redes sociales por los riesgos de producir información incorrecta o de autopropaganda complaciente. La información que se recibe y se circula sin posibilidad de rígida verificación, es similar al de los medios masivos de comunicación, que cometen errores en algunos reportajes o notas. Pero afortunadamente, la inmediatez de las redes sociales permite que esos errores puedan ser detectados oportunamente y corregidos por otros usuarios que en un diálogo o incluso en un debate reacomodan la fuente y el sentido de esta información.
Javier de Marías en su columna “Empalago y Sospecha” en el País Semanal, coloca una reflexión sobre el uso del tuiter como instrumento para difundir las acciones altruistas de gente como Bill Gates o Warren Buffett, que según su perspectiva, salpican el tuiter con mensajes de propaganda a su altruismo. O el príncipe Guillermo y su prometida Kate Middleton que como menciona, han pedido a los ciudadanos que en vez de regalo de bodas, hagan donaciones filantrópicas. Coincido con Marías en que eso le resta impacto a las acciones que se realizan por el bien de otros. Así que en el uso de las redes, la inteligencia individual para ser selectivo en la información que se recibe y se procesa es fundamental para que la pertenencia que provocan sume a nuestras vidas cotidianas, en vez de restarnos.
Creo que no hay revolución más potente que la que modifica conductas cotidianas. Ya estamos viviendo una, porque ese es el caso de las redes sociales con las que conseguimos no sólo localizar a amigos de la infancia o a parientes a quienes dejamos de ver hace tiempo, sino que mantenemos contacto con ellos y generamos conversaciones que de otro modo nunca hubieran sucedido. Además nos permite reconocer en perfectos desconocidos a quienes comparten intereses con nosotros para intercambiar información al respecto y en caso de iniciativas emocionantes organizarse a partir de esas causas.
Por ejemplo, el movimiento que se generó en torno a tragedia de la guardería ABC en Hermosillo, Sonora permitió que actualmente exista un acercamiento con el Senado de la República para presentar la propuesta de la que se conoce como #Ley5deJunio, misma que busca erradicar las causas estructurales y las circunstancias que propiciaron una tragedia como esa en instancias infantiles. Los padres de familia que trabajaron con asesoría y apoyo de especialistas, han esparcido su intención de detener la negligencia y la corrupción que da lugar a que en muchas de las guarderías no se cuente con las condiciones para garantizar la seguridad de los niños.
Entre otras de acciones convocadas en tuiter que desataron la reacción de las autoridades, es la ciclovía ciudadana en Guadalajara o la wikibanqueta en el Distrito Federal, donde gracias a la iniciativa ciudadana y a la inmediata participación de todos los tuiteros se incentivó la participación creativa para el rescate de los espacios públicos, el respeto por el medio ambiente y desde luego por los derechos fundamentales, logrando que tanto el gobierno de Guadalajara como el del Distrito Federal, después de la polémica, reconocieran la necesidad demandada y se sumaran a contribuir en la solución, que es finalmente su responsabilidad. Tenemos muchas posibilidades de aprovechar estos recursos nuevos, gratuitos y virulentos si queremos dar un giro drástico a los resultados que nos han traído la apatía, la complicidad, la tolerancia y la ineficiencia.
El caos en el que circulamos todos los días no es producto sólo de las decisiones que toman aquellos a quienes elegimos o contra quienes votamos, es en gran medida el juego que decidimos jugar mientras no hacemos algo para cambiar las reglas y los acuerdos entre los jugadores. Y eso no significa que las redes sociales vayan a transformar comportamientos de individuos o grupos o que por hacer uso de ellas instemos a derrocar gobiernos corruptos y antidemocráticos. Pero cuando no participamos reducimos el potencial de la inteligencia colectiva.
Las redes son un instrumento que cada quien decide tocar en este concierto social en el que nos urgen notas armónicas de iniciativas ciudadanas. Ser selectivos con las fuentes de información que tenemos, desarrollar la curiosidad, compartir lo que encontramos con responsabilidad, defender con acciones organizadas, pacíficas y necias. Este camino de trabajar por lo que es nuestro implica no tener miedo a equivocarnos. El intento es el primer movimiento para crear ritmos, seguirlos y si suenan bien repetirlos. Hacer una melodía ciudadana que suene más a propuestas, que a rabia o a odio. Puede ser interesante sentirnos parte de uno o varios grupos en los que ensayemos y perfeccionemos las melodías que queremos que se canten ya y que se canten mañana. Puede ser que prefiramos hacerlo con otras herramientas o permanecer en silencio.
Ya vimos que lo que comuniquemos en las redes, puede ser retomado por medios convencionales, llevado a las calles, presentado en los congresos, materializado en nuestras realidades. No perdemos nada con generar partituras colectivas que desentonen de una vez por todas con la cantaleta de quienes están bien, si todo sigue igual
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